Nos dimos la sonrisa después de soltarnos.
Brillar era su manera de existir. Era como el sombrero mojado de las tardes de otoño. Tardes propicias para la meditación, la agonía, el deseo, la marcha y el regreso. La ida y la vuelta nunca estuvieron tan ligadas, al menos no con una mano tan tersa. Nos miramos al quedarnos. Nos miramos al marcharnos. ¿Dónde debíamos intercalar el límite? Tal vez, donde no hubiera final.
jueves, 13 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
Pululando por los recuerdos
Sigo haciendo sombras con soles pasados
en recuerdos fijos que ya son mi vida.
Me sorprende a veces los ojos clavados
en imágenes de un tiempo sin partida.
Aún respiro el aire que tu respirabas,
y revive el cuerpo el temblor aquel
que surgió una tarde en la que esperabas
cosas que el tiempo no pudiera perder.
Siento todavía todas las ausencias,
encuentros y risas que juntos tuvimos,
son como sutiles y tenues presencias
que le dan sentido a lo que vivimos.
en recuerdos fijos que ya son mi vida.
Me sorprende a veces los ojos clavados
en imágenes de un tiempo sin partida.
Aún respiro el aire que tu respirabas,
y revive el cuerpo el temblor aquel
que surgió una tarde en la que esperabas
cosas que el tiempo no pudiera perder.
Siento todavía todas las ausencias,
encuentros y risas que juntos tuvimos,
son como sutiles y tenues presencias
que le dan sentido a lo que vivimos.
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