sábado, 19 de octubre de 2013

Vivir con aliento.

Las personas son estáticas, no así la gente. Era casi el primer conocimiento real que tenía de las cosas, del globo, y de una ciudad que desconocía. La desconocía, y cuando su anfitrión le preguntó tras unos meses en el lugar, afirmaba seguir desconociéndola. El conocimiento era la obsesión occidental, un paño de agua fría que despintaba el tiempo y el ambiente. Siempre lo comparaba con aquellos pantalones azul noche de antaño que Margarita Asuán solía tener colgados durante varios días en un tendedero sin cuerdas a las afueras de su posada cuando se acercaban las pascuas. Era un símbolo, un recuerdo, una tradición, pero le gustaba. Una plausible intriga. Le gustaba porque le ayudaba a recordar la época del año que llegaba, aunque la detestara por su nostalgia y soledad. Había aprendido a asociar lugares a situaciones, momentos a tiempos y recuerdos a olvido.
Yo no conozco
Tu conoces
Él conoce
Nosotros conocemos
Vosotros conocéis
Ellos conocen. Pero sobretodo ellos dicen conocer.
Una conjugación que habría aprendido como  un editor crítico el manuscrito de Camilo. Memorizando casi sin descifrar el mensaje subyacente. Memorizar era un acto que había tomado por costumbre y también por efecto al miedo de olvidar la ciudad que tenía a sus pies. Había tornado la costumbre occidental , la había ampliado, la había hecho tan suya como sus pecas, y sobre todo tenía que pagarla con algo a lo que los transeúntes llamaban el dinero a corto plazo. Conocer y recordar, recordar y conocer.
-Escucha sólo tienes nueve años y yo estoy vieja. Me gustaría haberte enseñado cosas realmente útiles, no sé si lo he conseguido, porque no sé si las conozco. Yo no conozco. Aunque todos siempre dicen conocer. He sido una mentirosa, he huido, he volado lejos y luego he pintado cuadros con tintas oscuras y también claras. He pintado muchos cuadros. Todos están en los museos de mi mente. No son muy lujosos, pero su maestría profesan continuidad. Y tú tienes que construir tu propio museo, tienes que pintar, pero tienes que conocer las tonalidades que yo no he usado en mis cuadros, para ello tienes que hacer bocetos, muchos bocetos. Y también tienes que memorizar, tienes que memorizar mis propios cuadros  para saber que colores debes descubrir. No recuerdo cuantos hay en ellos, porque ya he perdido la memoria. Sé que he perdido la memoria porque no sé como se llaman los colores, no recuerdo sus letras ni cómo se pronuncian; y por eso tienes que entrar en mi mente y tienes que ir a cada uno de mis museos.
+ No sé que es un boceto y tampoco he viajado nunca.
-Ahora lo estás haciendo, aprender es viajar. No sabes si lo que aprendes es bueno , cierto o útil. Pero viajas porque quieres conocer y ese será tu primer boceto. Cuando viajas descubres que el movimiento es parte del colectivo. Porque las personas son estáticas, mecanizadas, tienen planos impresos en todas las carpetas de sus trabajos con las  lineas del metro, que es el transporte más triste que han inventado jamás. Te lleva a un lugar desde otro sin conocer que hay entre estos. Sólo oscuridad. La gente sin embargo es una especie de masa llena de movimiento, con ruidos, con arte y con conocimiento. Tienes que buscarlo y cuando lo encuentres aunarlo en el colectivo que es.
-Entonces tengo que desintegrar todos los granos de café para conseguir un olor intenso. Lo he entendido. Puedes descansar, tienes razón, estás vieja y yo ya he pintado mi primer cuadro.

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